jueves, 26 de octubre de 2017

CONTRADICCIONES SOLO APARENTES

Unos meses antes de que presentase el recurso de inconstitucionalidad contra un Estatuto de Cataluña recién aprobado por las Cortes Generales, el PP de Mariano Rajoy hizo lo propio contra la ley de matrimonios entre personas del mismo sexo. Tiempo después, Rajoy, ya presidente del Gobierno, asistió bien dispuesto a la boda de un alto cargo de su partido. Una unión de esas que quiso evitar con aquel recurso porque “el matrimonio es y siempre ha sido una institución entre un hombre y una mujer para la procreación”. Allí brindó gustoso y dio los parabienes a la ilusionada pareja. Por esta aparente contradicción le llovieron bofetadas a mano abierta que le venían de todos los lados. Hipócrita fue lo más lindo que escuchó.

Pero no, no hay contradicción alguna. Mariano Rajoy es un conservador de manual y como tal actúa. El conservadurismo es en sí mismo un imposible, lo sabemos desde que se conocen las leyes físicas de la entropía; por eso, si su representación política sobrevive, y sobrevive muy bien, es porque no se detiene, porque es capaz de caminar. Lo hace con el paso más lento de los que marca la sociedad, pero se mueve.
O sea, Mariano Rajoy, como buen exponente, es un tipo poco partidario de incentivar cambios, se opone a ellos mientras se están produciendo, los intenta detener. Pero que, cuando constata dicho cambio, cuando asume que socialmente se ha producido, se mueve con naturalidad en el nuevo escenario. Aquí estamos -podría decir como si nada hubiera pasado- de boda.
Buena parte de su fortuna política se debe a que la mente humana es, en el fondo, conservadora: salvo unos pocos, el resto solo podemos imaginar el futuro como un montaje realizado con recortes mentales de un pasado inmediato. Es ese ‘sentido común’ que tantas veces es común pero que en muchas carece de sentido.
Así, tras la crisis económica, las conversaciones giraban sobre qué habría que hacer para volver a estar como en 2004. Ahora sabemos que se sale de un túnel por otro agujero distinto al que sirve para entrar. Así, ahora, cuando se habla de la situación en Cataluña, se plantea qué medidas se pueden tomar para volver a un antes –aparentemente- tranquilo. No las hay. Lo que haya de venir será, obligatoria y necesariamente, diferente. Lo mejor que podría pasarnos es que Rajoy asumiese que tiene que encargar un traje.


Publicado en "El Norte de Castilla" el 26-10-2017

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