martes, 24 de marzo de 2026

MORDER BALAS, TRAGAR SAPOS

Foto: Carlos Gil-Roig-Factoría 9

Las personas angloparlantes recurren a la expresión «bite the bullet/muerde la bala», así, enunciada en imperativo, cuando para enfrentarse a una coyuntura tan desagradable como necesaria, tan perentoria como aplazada, requieren de coraje, entereza, estoicismo e, incluso, resignación. Imagino que el origen de la locución se encuentre en alguna trinchera excavada un par de siglos atrás cuando los soldados habían de recurrir a apretar con los dientes una bala para atenuar el inmenso suplicio ocasionado por las pertinentes cirugías efectuadas sin anestesia. En castellano, bien que recurriendo al infinitivo, en situaciones análogas nos valemos de «hacer de tripas corazón» o «tragar sapos y culebras». Faena la una, dieta la otra, recurrentes para cualquier aficionado del Pucela, cuya dentadura, ¡qué remedio!, ha signado centenares de balas a lo largo de los años en que despliega su pasión. Y que –el veneno del fútbol– por más que el devoto pucelanista lo asuma cuando corresponde, no asimila la posibilidad dos horas antes. Una dinámica ascendente, unos resultados que cargan de razón al cambio de entrenador, a las medidas que dispone, un juego grato a la vista, una revalorización de la estima preasignada a los jugadores, un pasado que parece quedar atrás, un partido propicio para certificar todo lo anterior y...

En 1975, el director Richard Brooks se apropió de la expresión, 'Muerde la bala', para titular la película en la que relata una carrera a caballo que se extendía a lo largo de más de mil cien kilómetros en el oeste estadounidense. Durante el desarrollo de la contienda aflora toda la escala de comportamiento humano, desde la claridad de los tonos más leales y altruistas a las negruras de la abyección. En medio de las tensiones, Sam Clayton (Gene Hackman), apelando a su vieja amistad, reconviene a su camarada Luke Matthews (James Coburn) –no descarto que la conversación se produjera en sentido inverso– por una felonía. Este, ladino, le replica precisando el concepto 'traición': «si no fueras mi amigo, no te podría traicionar».

...Y tal cual, el Pucela traiciona cualquier ilusión, derrumba cualquier expectativa. Duele, claro, no por el hecho, sino porque el sentimiento arraigado hacia el Pucela transforma el comportamiento, la derrota, el mal juego, el decaimiento de la propuesta, en una puñalada flamígera.

Pasadas las horas, templado el poso de resquemor, asumido que el vínculo no se desvanece, que el veneno ingerido prevalece, corresponde observar desde otra perspectiva, la descrita por Joxean Artze en su poema 'Txoria txori/El pájaro pájaro es' musicalizado por Mikel Laboa y publicado en 1974 en un disco con título de resultado futbolístico, 'Bat-Hiru/Uno-Tres'. La letra –va en castellano– asimila que el amor solo tiene sentido admitiendo la realidad: «Si le hubiera cortado las alas/ habría sido mío /no se me habría escapado./ Pero así,/habría dejado de ser pájaro./Y yo.../yo lo que amaba era el pájaro».

El Pucela de esta época es el que es, y si se pretende quererlo conviene saber que así es. Que apenas vuela.

Publicado en El Norte de Castilla el 23-03-2026