Cualquier tesitura incuba el riesgo de degenerar, encierra en sí la
susceptibilidad de empeorar. Definir como calamitosa la temporada del Pucela se
puede considerar un eufemismo para suavizar el ánimo del emisor del
dictamen cuando el equipo acude a León a cubrir un indigno expediente. Y no, no
me refiero al resultado a secas. Se puede 'perder' y 'perdeeeer', dicho así,
canturreando, mientras los dedos de ambas manos dibujan en el aire unas etéreas
comillas imitando las inicuas maneras que sus compañeros pretendieron enseñar a
Marge Simpson, la protagonista de la popular serie, en el capítulo en que ella
comienza a trabajar como agente inmobiliaria, a utilizar el lenguaje de una
forma embaucadoramente críptica.
Se puede perder, digo, si el rival te supera por calidad técnica, capacidad
física, competencia en la lectura del partido o –esto es fútbol– suerte. Se
puede perder aunque el contendiente acumule cuatro meses sin paladear una
triste alegría que mitigue la concatenación de decepciones. Se puede perder
porque en ninguna tabla sagrada aparece escrita la inexorabilidad de la
victoria. Se pierde porque el fracaso nos es consustancial, porque en
cualquiera de sus facetas se convierte, desde que nacemos, en un inseparable
compañero de vida. Pero, ¿'perdeeeer' inserto en un dócil entrecomillado?,
¿'Perdeeeer' sin un atisbo de rebeldía frente a la derrota? ¿'Perdeeeer' sin
presionar más allá de con la mirada, sin desasosegar a la línea defensiva del
rival, sin chicha ni limoná teniendo en cuenta las urgencias clasificatorias? Hace
unas temporadas escuché que este equipo no pierde ocasión de perder una
ocasión, y oye, en cada ocasión se empeña en confirmar la tesis.
Para lograr cualquier reto complejo se precisa querer, poder y saber. En mi cabeza deambula guerrero un suceso del siglo pasado del que permanece aún pendiente una resolución que me retire un poco de indignidad. Cuando quise, no pude; cuando quise y pude, no supe. Y ahora que a buen seguro quiero y de alguna manera sabría, ya no puedo, no sé poder o simplemente podría, pero ya no sé. El Pucela, al menos eso me transmite con demasiada frecuencia, simplemente –antes de verificar si puede o constatar si sabe– directamente no quiere en el estricto sentido de la tercera acepción del término 'querer' en el DLE: «Tener voluntad o determinación de ejecutar algo».
'Pánfilo' he llegado a oír como calificativo de este grupo de futbolistas. Lo suscribo. Conforman un equipo silente, que no recurre al taco ni a la blasfemia, ejecutan cada acción porque es su trabajo y la entrenan, conocen los fundamentos y los desarrollan, pero sin convicción. No me refiero a los esfuerzos contables, esos están, sino a ese poner pie en pared que sobrepasa la resistencia racional. Para preparar unos huevos fritos con chorizo necesitamos tanto la aportación del cerdo como de la gallina. De ambos, pero no por igual: la gallina contribuye; el cerdo se compromete. A lo mejor es pedir demasiado. A lo mejor. Pero echo de menos esa impresión.
Publicado en El Norte de Castilla el 06-04-2026