lunes, 6 de abril de 2026

LA GALLINA Y EL CERDO, LOS HUEVOS Y EL CHORIZO

 


Foto: Carlos Gil-Roig

Cualquier tesitura incuba el riesgo de degenerar, encierra en sí la susceptibilidad de empeorar. Definir como calamitosa la temporada del Pucela se puede considerar un eufemismo para suavizar el ánimo del emisor del dictamen cuando el equipo acude a León a cubrir un indigno expediente. Y no, no me refiero al resultado a secas. Se puede 'perder' y 'perdeeeer', dicho así, canturreando, mientras los dedos de ambas manos dibujan en el aire unas etéreas comillas imitando las inicuas maneras que sus compañeros pretendieron enseñar a Marge Simpson, la protagonista de la popular serie, en el capítulo en que ella comienza a trabajar como agente inmobiliaria, a utilizar el lenguaje de una forma embaucadoramente críptica.

Se puede perder, digo, si el rival te supera por calidad técnica, capacidad física, competencia en la lectura del partido o –esto es fútbol– suerte. Se puede perder aunque el contendiente acumule cuatro meses sin paladear una triste alegría que mitigue la concatenación de decepciones. Se puede perder porque en ninguna tabla sagrada aparece escrita la inexorabilidad de la victoria. Se pierde porque el fracaso nos es consustancial, porque en cualquiera de sus facetas se convierte, desde que nacemos, en un inseparable compañero de vida. Pero, ¿'perdeeeer' inserto en un dócil entrecomillado?, ¿'Perdeeeer' sin un atisbo de rebeldía frente a la derrota? ¿'Perdeeeer' sin presionar más allá de con la mirada, sin desasosegar a la línea defensiva del rival, sin chicha ni limoná teniendo en cuenta las urgencias clasificatorias? Hace unas temporadas escuché que este equipo no pierde ocasión de perder una ocasión, y oye, en cada ocasión se empeña en confirmar la tesis.

Para lograr cualquier reto complejo se precisa querer, poder y saber. En mi cabeza deambula guerrero un suceso del siglo pasado del que permanece aún pendiente una resolución que me retire un poco de indignidad. Cuando quise, no pude; cuando quise y pude, no supe. Y ahora que a buen seguro quiero y de alguna manera sabría, ya no puedo, no sé poder o simplemente podría, pero ya no sé. El Pucela, al menos eso me transmite con demasiada frecuencia, simplemente –antes de verificar si puede o constatar si sabe– directamente no quiere en el estricto sentido de la tercera acepción del término 'querer' en el DLE: «Tener voluntad o determinación de ejecutar algo».

'Pánfilo' he llegado a oír como calificativo de este grupo de futbolistas. Lo suscribo. Conforman un equipo silente, que no recurre al taco ni a la blasfemia, ejecutan cada acción porque es su trabajo y la entrenan, conocen los fundamentos y los desarrollan, pero sin convicción. No me refiero a los esfuerzos contables, esos están, sino a ese poner pie en pared que sobrepasa la resistencia racional. Para preparar unos huevos fritos con chorizo necesitamos tanto la aportación del cerdo como de la gallina. De ambos, pero no por igual: la gallina contribuye; el cerdo se compromete. A lo mejor es pedir demasiado. A lo mejor. Pero echo de menos esa impresión.

Publicado en El Norte de Castilla el 06-04-2026