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Hace apenas una semana, este nuestro ‘Norte’ titulaba ‘La mitad de los jóvenes ve
con buenos ojos las políticas autoritarias y una dictadura’ un artículo en el
que daba cuenta de una encuesta de la Fundación SM cuyo objeto de estudio fueron
los españoles de 15 a 29 años. Partamos de una obviedad: la otra mitad no hace
ojitos a ese mantra que crece adquiriendo forma de profecía autocumplida. Y de
otra evidencia: las encuestas, así, “tomadas de una en una -arrogándome
palabras de José Agustín Goytisolo- son como polvo, no son nada”, una simple fotografía,
estática por definición, que solo adquiere valor observada rodeada de otros
sondeos idénticos previos, transformándose en fotograma para componer la
película de la evolución.
Sorprende
que sorprenda el desarrollo del guion. Marx dejó escrito -y esta indicación se
admite por marxistas y no marxistas como utensilio sociológico básico- que “no
es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la
conciencia”. Las necesidades, reales o percibidas, subordinan -o adecúan- el
pensamiento de cada momento. Y la vida actual traza sus caminos sobre agua, delinea
vías inestables, efímeras, estructuras carentes de solidez que amenazan con desvencijarse
y arrastrarte en la caída. Hasta la palabra carece de valor, la única verdad
admitida sentencia que ya ni la verdad existe. Tal vez no existió nunca, pero circulaban
mentiras tomadas como certezas. Dado que casi siempre se está dispuesto a ceder
algo de lo que se dispone de nacimiento a cambio de solventar las carencias,
insisto, reales o percibidas, parece poco precio la permuta de aceptar mano
dura -que se suele entender para los demás- recibiendo lo mismo que ansiaba
Jarcha medio siglo atrás “su pan, su hembra -entiéndase compañía y afecto- y la
fiesta en paz”. Un cobijo, al fin y al cabo.
Sumemos que
la vida actual se desarrolla en un mundo en el que la hidalga Europa languidece
vestida de chaqué observando que se imponen los que se amparan en el uso de la
fuerza, interna y externa. Y la chavalería toma nota y, sin pretenderlo,
homenajea al director argentino recientemente fallecido Adolfo Aristarain,
buscando ‘un lugar en el mundo’.
Artículo publicado en El Norte de Castilla el 5-05-2026