lunes, 5 de enero de 2026

EL ÁNIMO PENDULAR

 

Foto: Carlos Espeso

Nada más llegar a las instalaciones de El Norte de Castilla, al entrar en la sala de televisión desde la que realizamos el seguimiento de los partidos del Pucela tanto para materializar la transmisión online como para tomar las notas preparatorias de los artículos que conforman el paginado referido al encuentro, me topo en la pantalla con el pitido final del partido precedente en esta misma Segunda División, un Almería-Granada que enfrentaba a un puntero local con un visitante clasificatoriamente lánguido. El resultado final –un tres a dos que encarama, siquiera provisionalmente, al club indálico a un puesto de ascenso directo y zambulle a los nazaríes en la zona abisal– mostró de súbito las dos ópticas extremas y antagónicas en las que se alinea la afición del Real Valladolid: la idealizadora y la agorera. Y no tanto una parte a un lado y otra, inmiscible con aquella, al otro. No. En muchos casos, la misma persona se dispone en una u otra condición en función de la hora del día, del día de la semana, de forma que cualquier minucia pendulea su disposición anímica.

–Buen resultado para el Pucela –apuntó alguien cuyo nombre omitiré por no escribir que fui yo.

–¿Qué dices? Si el Almería va delante, nos favorece que pinche –corrigió alguien al alguien de antes.

–Ya –apostilló el que no diré que era yo–, pero si el Granada hubiera vencido, además de sumarse al listado de los que habrían alcanzado al Pucela, hubiera elevado la línea de agua que marca la salvación.

–A estas alturas me niego a mirar hacia abajo –cerró el interlocutor optimista.

Claro, bien está, pensé en ese momento justo en el que la conexión televisiva nos desplazaba a Zorrilla, que los de fuera contribuyan, pero de poco sirve el auxilio si el Pucela no cumple, para más o para menos, con su cometido. Entrenador nuevo, además. ¿Aire renovado o más de lo mismo? Veremos. Y vimos. El péndulo, oscilante por definición, a lo suyo. Al desaliento de la primera mitad, este cuento ya lo habíamos visto, le sucedió el denuedo de la segunda en la que la hueste blanquivioleta amilanó al minutos antes jactancioso Racing. Le amilanó y le hirió con un gol ejecutado gracias a la táctica del despiste. Tras lanzar tres córneres consecutivos en los que la pelota no sobrepasó la altura de la rodilla, dos de ellos ni la del tobillo, el inmediato cuarto alcanzó la altura precisa. Así, mientras los defensas del equipo cántabro se acostumbraron a defender el subsuelo, un blanquivioleta, conocedor del ardid, se impulsó hasta el cielo para rematar expedito y elevar la masa pendular a la altura de la euforia.

Euforia que se desvaneció, mediante árbitro, VAR mediante, cuando el colegiado, tras consultar la maquinita, auspiciado por un ya sólito espíritu rigorista, señaló penalti tras un contacto leve e intrascendente para el desarrollo posterior de la jugada. Decisión pertinente, incluso atinada, de haber sido pitada a la primera, en el instante preciso. Un desbarre contra la esencia del juego, cuando la resolución admite estudio.

Otra semana más en la que el movimiento ondulatorio desasosegará a la perdida masa pucelana.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 4-01-2026