jueves, 10 de marzo de 2016

SEBBEN CHE SIAMO DONNE

Aunque no había vencido el tiempo estipulado en el contrato de arrendamiento, los terratenientes -en nombre de la ley, de su ley- quisieron expulsar a los campesinos de sus casas para darles un escarmiento que, a la vez, sirviera de ejemplo a los demás de lo que no deberían hacer: sindicarse. Mientras los hombres se aprestan a defenderse, "Vamos a coger palos" dicen; las mujeres les toman la delantera y forman con sus cuerpos la barrera que pretende impedir el paso a los carabineros que llegaban, sable en mano, a ejecutar los desahucios. Todas cantan 'La lega': 'Sebben che siamo donne, paura non abbiamo'. Anna, la maestra, les grita: "Tendréis que matarnos a todas". Los hombres se colocan detrás y hacen coro: "Aunque seamos mujeres, no tenemos miedo". Los carabineros se retiran, ellas lo han conseguido. Continúan ellos y ellas cantando, se miran, se sonríen porque, aunque saben que el logro ha sido ínfimo -los terratenientes no cejarán en su empeño-, han comprendido el camino. Esta escena de 'Novecento' puede parecer un compendio de aquellas luchas que sirvieron para que ahora disfrutemos, aún, de algunos derechos, un tratado de historia, un clásico al que volver pero solo para rememorar. Pero no, esa misma lucha, esas mismas mujeres, siguen batallando en esas mismas condiciones y con el mismo riesgo para sus vidas.
Hace apenas una semana, en Honduras, en su casa, fue asesinada Berta Cáceres. No es un caso aislado: pocos días antes, Berta, indígena, defensora de los derechos de la comunidad lenca y los movimientos campesinos, había denunciado el asesinato de varios miembros de su comunidad. Su delito: haber torcido el deseo de diversas empresas transnacionales de operar en su territorio. Berta también cantaba que no tenía miedo. O, si lo tenía, que seguramente, lo disimulaba muy bien. Su vida fue una constante lucha frente a gigantes que se sienten impunes, que hablan siempre en nombre de la ley, de su ley. Las amenazas eran su compañía y con ellas supo vivir, hasta que se hicieron realidad.
Aquí, estos hechos suenan a pasado, a película o, en todo caso, a circunstancias que ocurren en territorios muy lejanos. Pero los clásicos siempre vuelven.

Publicado en "El Norte de Castilla" el 10-03-2016





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