viernes, 7 de junio de 2019

COMO VINE, SE IRÁN

Se acerca el momento decisivo para agricultores de cereal y estudiantes de segundo de Bachillerato. Días de nervios;  la suerte, sin embargo, ya está echada. Falta la cosecha, el examen, pero nada saldrá de ahí que el curso no hubiera ido poco a poco narrando.
Los agricultores saben que su nota final será un rotundo suspenso, que la falta de agua primaveral agostó sus cultivos, que no van a recuperar ni el trabajo realizado. Cerrarán la campaña con un lamento y un ¡otro año será! a modo de triste consuelo.
Los estudiantes se encuentran enfrascados en lo que antaño llamábamos Selectividad o hincando codos preparando el asalto a una segunda vuelta de exámenes que les permita rematar lo pendiente. En uno u otro caso, anhelan cerrar una etapa y formarse profesionalmente mediante algún Grado Superior o abrir las puertas de la Universidad. Al margen de la cosecha de cada cual, los aspirantes de nuestra comunidad se quejan de que la prueba selectiva es aquí comparativamente más dura que realiza el estudiantado de otros territorios lo que merma su nota y con ella las posibilidades de elegir la titulación deseada.

Más allá de la coyuntura temporal que emparenta sus desasosiegos, aúno ambos colectivos porque el camino que existe entre el campo y las aulas dibuja un trayecto ampliamente transitado en el pasado, porque en la actualidad ambos nos explican las líneas del nuestro porvenir territorial.
La primera parte es por todos conocida: las ciudades se fueron llenando con los que fuimos abandonando el campo para trabajar y procurar estudios para los hijos o directamente para estudiar. La segunda es demasiado parecida a la primera: de la misma manera que el ingreso en la Universidad suponía un punto sin retorno de los que dejábamos el pueblo, la acometida de unos estudios superiores es una manera de despegar el pie quizá definitivamente de las ciudades de Castilla y León. Tal y como yo vine, ellos se irán.
Lo estamos viendo, los datos lo avalan, y pensamos que es un mal sueño del que despertaremos con algún chasquido de dedos. No tiene pinta. Nuestra tierra se ha convertido en periferia, en proveedora de las metrópolis. Su pan es nuestro trigo; sus hijos, los nuestros.

Publicado en "El Norte de Castilla" el 06-06-2019

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