viernes, 6 de diciembre de 2019

EMERGENCIAS


Atención, pregunta: ¿dónde se celebró la anterior Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático? Lo digo porque aunque tratemos a la alta cumbre que se está celebrando en Madrid con un artículo determinado -‘la cumbre’- no es sino ‘una cumbre’ si nos va más el indeterminado u ‘otra cumbre’ si apostamos por el indefinido, la XXV.
Tal vez si se hubiera celebrado en Brasil, como inicialmente estaba previsto, o en Chile, la alternativa que se postuló cuando el país amazónico, Bolsonaro mediante, hizo declinar su compromiso inicial, por estas tierras no nos hubiésemos enterado mucho del asunto, sus debates y sus conclusiones. Que llegara de rebote a Madrid, por más que Chile siga siendo el anfitrión, ha permitido una visualización mediática del problema tratado al menos en el territorio español con un aspecto ciertamente positivo: los medios no se están limitando a lanzar advertencias apocalípticas sino que están aportando cifras, datos, un cierto rigor que permite comprender, más allá de la teología, qué es lo que está ocurriendo, a qué escenarios nos enfrentamos.

Y en esos escenarios reside la clave del interés con que algunos estados y muchos grandes conglomerados empresariales se toman el cambio climático en el que andamos inmersos: esta plaga, aunque repercute más en los territorios empobrecidos, amenaza nuestro espacio de confort. Fuimos capaces de exportar las guerras, las hambrunas, las muertes por enfermedades curables, a la periferia; pero el clima no repara en fronteras. Si sobre lo climático se declara una emergencia -aun siendo necesaria, pero con la de emergencias humanas que existen- es porque nosotros, los blanquitos occidentales, estamos abocados a sufrir los efectos y bien va que vayamos aprendiendo que ponerse las pilas significa tener que pagar. Ahí el juego de los estados: su ‘concienciar’ consiste en hacernos asumir que toca aguantar lo que nos echen. Les sirve de coartada. Ahí el juego de las empresas: su lavado de cara gastando un poco en jabón verde pretende hacernos ver que son otra cosa, que han cambiado. Lo han hecho o lo van a hacer, sí, a la gatopardiana manera: porque no les queda más remedio y para que nadie discuta quién manda. Les sirve de excusa.
Por cierto, la respuesta a la pregunta inicial es Katowice, en la Alta Silesia polaca.

Publicado en "El Norte de Castilla"el 05-10-2019

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