domingo, 14 de abril de 2024

NECESIDAD DE COMPLEMENTO

El humano aplica su pericia para innovar el mundo que le rodea, bien concibiendo y materializando flamantes utensilios, bien propiciando algún progreso en los útiles de los que ya disponía. En este segundo caso, ocurre con frecuencia que el producto mejorado adquiere una naturaleza propia que, sin despegarle definitivamente del objeto de partida, del significado, requiere complementar su significante. El lenguaje, por tanto, se ha de armonizar con esta nueva realidad conceptual. En principio, la labor de especificar le corresponde a un adjetivo, pero para estas cuestiones cotidianas recurrimos a un complemento preposicional que por si sólo auspicia y redobla la cara de encandilamiento de quien lo utiliza. Un balón cualquiera ya servía para atraer, embelesar y abrir el universo a cualquier criatura; un balón 'de reglamento' sublimaba las emociones. Una tele nos permitía emocionados responder «biennnnn» a la pregunta «¿cómo están ustedes», travesear con las diabluras insumisas de Pippi Långstrump, sufrir con las peripecias de un doliente Marco...; una tele 'en color' alzaba la fantasía hasta la altura del arcoíris.

La evolución de las sociedades, a la vez que genera otras innovaciones, difumina la necesidad de aquellas aclaraciones, subsume en el significante clásico esos adornos perecederos: todas las teles son ya en color, el balón de reglamento está presente en cualquier pachanga. Algunas veces, ojo, se producen regresiones. El 'de oliva', especificando que el aceite mentado se obtuvo efectivamente de la oliva, perdía protagonismo hasta el punto de convertirse en innecesario antes de que la inflación –eufemismo de tantas cosas– mudara en áureo el líquido verde. Ahora vuelve a ser necesaria la especificación.

El Real Valladolid de toda la vida padece –verbo no elegido al azar, escribo 'padece' porque el cambio no mejora el original, al menos de la forma esperada– un proceso similar. Es necesario un complemento para identificar el juego del equipo blanquivioleta de esta época concreta: 'el Valladolid de Pezzolano'. El juego o el no juego, porque pese a su posición en la tabla, a mantener intacto el objetivo del ascenso, el equipo se muestra incapaz de desplegar un planteamiento sugestivo. El Valladolid de Pezzolano resulta incomprensible: transmite la sensación de que, aun nadando cerca de la orilla, morirá ahogado; carece, en buena parte del tiempo, de intensidad; confía en una suma de timoratos intentos de 'a ver qué tal'; está más pendiente de no errar que de generar. En medio de la nada se limita a esperar una coyuntura, auspiciado por la suerte o la calidad, que le favorezca. Yresolver para mantenerse a flote. Si el maestro Yoda de la saga de 'La guerra de las galaxias' le hubiera prescrito a Pezzolano aquello de «hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes», este, convencido de que algo le favorecerá, futbolísticamente hubiera optado por no hacer, y esperar. Prefiere atender las oquedades vacías de Paulo Coelho, desear mucho algo con la convicción de que el Universo conspirará en su favor.


Publicado en "El Norte de Castilla" el 14-04-2024

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