miércoles, 22 de abril de 2026

EL CALLEJÓN DEL GATO

 


Callejón del Gato. Foto: José González

A resultas de la gobernabilidad en varias comunidades autónomas -la nuestra incluida-, contemplamos acercamientos, intentos de acuerdo o alianzas ya cerradas. En el frontis del edificio político relatado se sitúa el desaire de premisa, el repudio como efecto, de miles de realidades diversas agrupadas en un concepto unívoco: emigrantes. Añadan el relativo que quieran, no sería más que el intento de atenuar un eco procurando que no chirríe.

A rebufo de MAGAs imperiales -consignas que envuelven de orgullo rancio una voluntad de privilegio, valleinclanescos callejones del Gato que en sus espejos deformantes devuelven el esperpento de corpachones que presumen de coraje y no son más que el reflejo de un miedo atávico a lo que cuestiona su primacía- se ampara un discurso que refuerza una preeminencia -por más que asumido (tanto el discurso como la preeminencia) por quien lo enuncia o por quienes aclaman tal prédica- que suena impostado a la luz de cualquier razón humana. Más que a rebufo, diría que el argumento, vacuo pero intimidador, toma impulso en el más potente de los trampolines. Galopando a lomos del altavoz dominante, traducen/reducen/infieren el ‘grande’ del lema no a un territorio, ni al Estado referido en cada caso o a las personas que allí habitan -ni siquiera a todas las que disponen de nacionalidad-, sino a una tipología concreta de seres idénticos, a un subgrupo -por más que mayoritario, que anteriormente exclusivo- de personas que relatan historias similares, de habitantes, al fin, de una homogeneidad.

Miro a los ojos a los (primeros) señalados como responsables -perdón por la ironía- de tanto mal ajeno, a quienes serían (los primeros) sufridores de la exclusión, y me acuerdo de una frase maravillosa brotada del impulso de una partida de tute por parejas. Mi compañero, tras concluir un juego, miró la libretilla en la que uno de los contrincantes apuntaba el marcador jalonando con cruces (cinco por cuatro en aquel momento) a ambos lados de una línea que dividía la hoja en dos partes encabezadas con los epígrafes ‘ellos/nosotros’. Ante la duda derivada de la igualdad, inquirió al apuntador: “ellos somos nosotros, ¿no?”. Ellos somos nosotros, sí; solo que ellos son los primeros.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 21-04-2026

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