A resultas de la
gobernabilidad en varias comunidades autónomas -la nuestra incluida-,
contemplamos acercamientos, intentos de acuerdo o alianzas ya cerradas. En el
frontis del edificio político relatado se sitúa el desaire de premisa, el
repudio como efecto, de miles de realidades diversas agrupadas en un concepto
unívoco: emigrantes. Añadan el relativo que quieran, no sería más que el
intento de atenuar un eco procurando que no chirríe.
A rebufo de
MAGAs imperiales -consignas que envuelven de orgullo rancio una voluntad de
privilegio, valleinclanescos callejones del Gato que en sus espejos deformantes
devuelven el esperpento de corpachones que presumen de coraje y no son más que el
reflejo de un miedo atávico a lo que cuestiona su primacía- se ampara un
discurso que refuerza una preeminencia -por más que asumido (tanto el discurso
como la preeminencia) por quien lo enuncia o por quienes aclaman tal prédica-
que suena impostado a la luz de cualquier razón humana. Más que a rebufo, diría
que el argumento, vacuo pero intimidador, toma impulso en el más potente de los
trampolines. Galopando a lomos del altavoz dominante, traducen/reducen/infieren
el ‘grande’ del lema no a un territorio, ni al Estado referido en cada caso o a
las personas que allí habitan -ni siquiera a todas las que disponen de
nacionalidad-, sino a una tipología concreta de seres idénticos, a un subgrupo
-por más que mayoritario, que anteriormente exclusivo- de personas que relatan
historias similares, de habitantes, al fin, de una homogeneidad.
Miro a los ojos
a los (primeros) señalados como responsables -perdón por la ironía- de tanto
mal ajeno, a quienes serían (los primeros) sufridores de la exclusión, y me
acuerdo de una frase maravillosa brotada del impulso de una partida de tute por
parejas. Mi compañero, tras concluir un juego, miró la libretilla en la que uno
de los contrincantes apuntaba el marcador jalonando con cruces (cinco por
cuatro en aquel momento) a ambos lados de una línea que dividía la hoja en dos
partes encabezadas con los epígrafes ‘ellos/nosotros’. Ante la duda derivada de
la igualdad, inquirió al apuntador: “ellos somos nosotros, ¿no?”. Ellos somos
nosotros, sí; solo que ellos son los primeros.
Artículo publicado en El Norte de Castilla el 21-04-2026
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