Foto: Rodrigo Jiménez
Calor. Exceso de calor. Mataría -metafóricamente,
aclaro como necesidad en estos tiempos en que ningún nivel de burrada puede
dejar de tomarse en serio-, mataría, digo, a quienes asocian ‘calor’ con ‘buen
tiempo’. En mi cabeza, la correspondencia siempre fue otra: la establecida
entre ‘verano’ y ‘pueblo’. Las visitas en otra época del año se convierten en
leves digresiones, silencios de apenas unas horas, comas en la oración del año,
pausas breves para dar y recibir esas sonrisas que, pese a mantenerse presentes
desde la infancia, necesitan apuntalarse.
En verano muda la consideración. El regreso -porque no
se trata de un viaje sino de un retorno- no se encamina a un lugar, se ramifica
hacia diversos tiempos del atrás. Cada rostro con el que topas, cada rutina en
la que te acomodas, cada fecha que transcurre, la fiesta de tal o cual pueblo,
lanza una mirada hacia atrás en la que te reconoces. Una mirada que, pensaba,
te acercaba al pasado; que, en realidad, te aleja del presente, te muestra el
camino transitado. Por ti mismo y por el barco en el que viajamos, por este
mundo en el que zozobran todos los círculos concéntricos. Un apego que me
posibilita conocer raíces, un arraigo al que impido refugiarme en la identidad.
No sé si por más o menos días, tornaré a ese tiempo de viejas reglas, de decoros añejos.
Veré a mi madre y me acordaré del día que un concursante en la televisión
ignoraba una respuesta que ella conocía. ¿A qué van a la tele si no saben algo
que sé hasta yo?, -preguntaba-. Por dinero o por salir en la tele, -respondió
mi hermano-. Pues yo -sostuvo ella- ni por todo el oro del mundo iría a quedar
como una ignorante delante de toda España.
Por más o menos
días, como Rantés, el protagonista de la película de Eliseo Subiela ‘Hombre
mirando al sudeste’, me quedaré quieto, con la mirada perdida en el infinito,
intercambiando información siquiera conmigo mismo. Llorando las sucesivas
Venezuelas. La vida, la
muerte, la vida. Aprendiendo que la naturaleza no sorprende porque sorprende despiadadamente
con inusitada frecuencia. El presente espera.
Publicado en El Norte de Castilla el 30-06-2026
No hay comentarios:
Publicar un comentario