martes, 22 de septiembre de 2026

HONRA NO MERECE POR PARECERSE

 

Foto: Alejandro Castillo-LOF

La enfermera tumba cuidadosamente al bebé sobre la mesa, le estira su cuerpecito, mide su altura y toma nota mientras enuncia la cifra. Con el mismo esmero, le posa ahora sobre la báscula, memoriza la cifra apuntada en el visor, recoge a la criatura, vuelve a su asiento y repite el ritual de anotar e informar. Ceremonial que repite una tercera vez tras incorporar al mocoso y calibrar la longitud de la circunferencia de su cabeza. Concluidas las mediciones, tomo al muchacho en brazos, su madre y yo, esperando la valoración, nos sentamos frente a la enfermera, mientras ella marca las tres mediciones en sendas tablas de percentiles.

 

Algo, de repente, me descuadra. Si bien las dos primeras gráficas certificaron que, tanto en peso como en estatura, las mediciones respondían a lo estadísticamente esperable, observo que el punto que indica comparativamente el perímetro cefálico se eleva en demasía sobre el tono azul que refleja, deduzco, el territorio entre los percentiles 3 y 97. Vamos, la zona que excluye al tres por ciento que, por defecto o exceso, se escapan de los valores que no alertan sobre alguna anomalía. Receloso, asustado, con cierta circunspección, interrumpo el silencio de la consulta.

–Veo que la indicación del tamaño de la cabeza está por encima de lo que se puede considerar normal. ¿Podría sufrir el niño algún modelo de macrocefalia? ¿A qué se debe ese desfase?

Sin alterar el gesto, la enfermera alzó la vista, enfrentó su mirada con la mía, graduó visualmente la cabeza que tenía ante ella y, circunspecta, sin pretender denostar, me insultó a la vez que me relajó.

–Genético.

Nunca me llamaron cabezón de forma tan elegante ni nadie suprimió mis miedos requiriendo menos palabras. El crío, cosas de ser hijo de su padre, sin más, sin problema añadido, nació dotado de una testa relevante.

En este sentido, este Pucela –en ocasiones honra no merece quien a los suyos se parece– es hijo de todos los anteriores 'Pucelas' en cuanto a su poder balsámico de equipo aspirina, es hermano de los 'Pucelas' de la última media docena de años en cuanto al funesto desempeño. De lo primero, ya no sorprende la asunción del aficionado: pretendía esta semana en algunas conversaciones infundir cierto optimismo ante la situación del equipo ceutí y siempre recibí como respuesta esa certeza: quitamos cualquier tipo de dolor a los rivales. De lo segundo, puf, otro chasco. Y no (solo) por el desolador final. La alineación –seis cambios respecto a la previa– transmitía la sensación de pretemporada, de entrenador probando alternativas o soplando buscando la casualidad que hiciera sonar la flauta. En el transcurso, los cambios desmejoraron –más– la práctica del equipo. Al final, un gol rival evitó el triunfo blanquivioleta. Al final, pero no fruto de la casualidad... ni de la injusticia futbolera. Ocasiones provocó el equipo caballa para haber logrado las tablas tiempo atrás. ¿Se puede esgrimir que el Valladolid pudo haber goleado antes? Sí y no. Sí, por una contabilidad obvia. No, porque hemos observado que, tras atinar una, las huestes de Escribá se cobijan, se encogen. Me da que, de no mediar fallo en alguna ocasión anterior, no se hubieran generado las posteriores.

A este paso saltaremos, sin solución de continuidad, de la pretemporada al post-Escribá. Y tal vez, mientras nada estructural se modifique, tampoco se solucione nada.


Artículo publicado en El Norte de Castilla el 21-09-2026

 

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