Las personas que -por provecho
dinerario, anuencia indolente o asimilación sistémica- alegan que “el desahucio
es legal” se refugian en una legislación que, a su entender, se ampara en el
derecho natural. Les resulta obvio que, si alguien ha comprado cien pisos,
suyos son; si suyos son, ningún límite impedirá obrar a su antojo. Quien
enuncia la frase pretende, entiendo, sacralizar la propiedad, cerrar el debate.
En realidad, apunta una de las causas del problema. Una, porque el debate de la
vivienda, siempre subyacente, eclosiona cuando se confabulan varios motivos.
Ahí ya no sirven los paños calientes, ante un problema de primer orden, el
remedio deber ser global, y, por tanto, complejo. Suena ridículo que, tras el
efecto del caso de María del Carmen Abascal, pretendamos que la reparación de
25000 desahucios anuales se logre con 25000 soluciones particulares. Ella se ha
convertido en detonante, el mapa es otra cosa.
El gobierno, no solo a este respecto,
y no solo el central, ha implementado medidas bien caracterizadas con la
locución latina “ceteris paribus”, expresión utilizada en economía para
referirse a los análisis de los efectos de una medida “permaneciendo constante
todo lo demás”. Simplifica el análisis, pero a la realidad le caracteriza su
complejidad. Da igual si hablamos de alquiler, subvención para la gasolina… Lo
afectado nunca queda quieto. Cualquier medida, como acción, acarrea una
reacción. En la mayoría de los casos, las medidas paliativas concluyen con
redistribuciones a la inversa, de abajo a arriba. Lo saben, lo cuelan -porque
suena bien- para que callemos y olvidemos seguir el rastro. Lo urgente se
impone a lo importante. El asunto se olvida… hasta que vuelve a estallar.
En demasiados temas, y me temo que en
algunos por llegar, cuando ya los pasados carecen de solución, los futuros
continúan a la espera. Mientras un derecho se trate como bien de inversión,
quedará inexorablemente sujeto a la especulación. En vivienda y en lo que se
abra el abanico.
Por cierto, mientras (el derecho a)
la vivienda se imponga como asunto de debate, no cabrán esencialismos. Tal vez ahí radique la decisión de Pedro Sánchez de adelantar las elecciones: ‘o mal
o peor’. Así estamos.
Artículo publicado en El Norte de Castilla el 6-10-2026