La deriva en que está entrando el Real Valladolid desnuda a su entrenador
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| Foto El Norte de Castilla |
El mundo de los entrenadores del fútbol profesional no es diferente. Salvo algunos genios, la gran mayoría –todos, si nos referimos a la Segunda División– sobreviven realizando un collage con retazos de diversas procedencias. Por eso, aun habiéndolos mejores y peores, no suelo utilizar las palabras ‘bueno’ y ‘malo’ para catalogar a un entrenador. Del Bosque no era una eminencia cuando la selección ganó el Mundial y, cuatro años después, un zote que había olvidado el oficio. No. Si podemos dividir a los entrenadores en dos categorias estas serían las de ‘adecuados’ y ‘no adecuados’ en función de las mil circunstancias que atañen a un equipo y al club que lo envuelve.







