El complejo mecanismo de la vida de vez en cuando embarranca y nos enfrenta al espejo que todos sabemos que tenemos en casa, pero al que no queremos escuchar porque nos recordaría nuestra vulnerabilidad, nuestro carácter efímero. El cuerpo es el milagro inexplicado de la evolución y encierra en alguna parte de sí dos depósitos invisibles, en uno se atesoran los recuerdos, del fondo del otro brotan las ilusiones. Con el material de ambos se amasan las emociones. Pero no dejamos de ser un conjunto de reacciones químicas que se realizan sobre una base de agua. Dicen que la medicina no es una ciencia exacta, pero nada menos cierto, simplemente no existe el conocimiento suficiente para comprender los arcanos de una maquinaria tan impecable como sutil. Tan sutil que está expuesto a miles de vicisitudes que en algún momento pueden desengranar cualquier cadenilla y terminar afectando a todo el montaje. Estamos enfermos, buscamos soluciones, química que recomponga la química. Salvo que la enfermedad se llame cáncer, entonces agachamos la cabeza y tememos lo peor, la palabra viene a despertar nuestros miedos atávicos y la asociamos a algo parecido a una condena a muerte. Ya no es así, la medicina demuestra que sí es ciencia y va desentrañando parte del misterio pero el miedo sigue latente, al cáncer y a ser nosotros los señalados. Quizá por eso, porque no hay criterios que garanticen la inmunidad, todos sufrimos al saber que que alguien está señalado por esa cruz del destino.
Blog sin más pretensión que la de poner un poco de orden en mi cabeza. Irán apareciendo los artículos que vaya publicando en diversos medios de comunicación y algunas reflexiones tomadas a vuelapluma. Aprovecharé para recopilar artículos publicados tiempo atrás.
domingo, 23 de diciembre de 2012
sábado, 22 de diciembre de 2012
LA HISTORIA ES PLANA…EPPUR SI MUOVE
Nuestros padres eran más cerrados
que nosotros y nuestros abuelos iban más a misa que nuestros padres. Así visto,
así parecía, cada generación daba un paso más en una línea recta. Nos convencieron
de que la historia permanece inmóvil y somos nosotros los que avanzamos sobre
ella. Sin vuelta atrás, sin parapetar lo conseguido, sin miedo, por tanto, a
perderlo, sin consciencia, sin memoria. De repente, vuelta atrás. Y ahora nos
preguntamos cómo hemos llegado hasta aquí, hasta un punto desconocido que, sin
embargo, se parece demasiado a lo descrito en las novelas del pasado. Fortunata
busca en los contenedores mientras los hombres cercanos a Jacinta ejercen de
dueños de todo, de todos y de todas.
Volvemos, digo. La parte de la
sociedad que se denomina ‘indignada’ reclama algo tan ‘revolucionario’ como
transparencia, exige algo tan ‘radical’ como que los gobernantes cumplan lo que
proponen en los programas electorales, reivindica algo tan ‘rompedor’ como participar.
Todo aquello que ya creíamos tener, todo aquello que nunca pensamos que se
pudiera perder. De nuevo a la casilla de salida, de nuevo con la puerta
cerrada. De nuevo a la calle para pedir lo elemental, un decálogo de buenas
intenciones, no robarás, no matarás. Nada por soñar, nada por transformar.
Demasiado y, a la vez, demasiado poco. Las mil revoluciones pendientes siguen
pendientes porque, entre otras cosas, están en la carpeta de asuntos para más
tarde, como si la historia fuera lineal, como si después de esto fuera a llegar
necesariamente lo otro, como si no tuviésemos, ya, nada nuevo que decir, nada
distinto que proponer, ningún camino más allá en el que luchar.
Publicado en "Último Cero" el 22-12-2012
jueves, 20 de diciembre de 2012
EL CORO MENGUA CADA TRES SEGUNDOS
Cuatro filas de niños,
perfectamente alineados, impecablemente vestidos. El Coro Infantil de Wuppertal
está dispuesto para comenzar su función. Los padres y madres, intranquilos,
emocionados, esperan en la platea una actuación para enorgullecerse, para
presumir. Del piano brotan los primeros acordes de una vieja canción de Tears
for Fears, Mad World. ‘Todo a mi
alrededor son caras conocidas, sitios gastados, caras gastadas’.
De repente un crío abandona el
escenario. Se encontrará mal, piensan sus padres, vaya, precisamente hoy. Tres
segundos después otro niño hace mutis. Tres más tarde, otro toma el mismo
camino y así sucesivamente. El público mira absorto. Los que quedan siguen
cantando: ‘Listas y despiertas para
sus carreras diarias hacia ningún sitio. Sus lágrimas empañan las gafas
inexpresivas’.
Media docena permanece aún. ‘Resulta duro aceptar, cuando la gente
camina en círculos, un mundo desquiciado’. Cuatro, tres, dos… queda uno,
finaliza la canción, ‘mundo loco, mundo loco’. Silencio. Un segundo, una
eternidad. Levanta la cabeza, mira al frente y habla: “Cada
3 segundos el mundo pierde un niño por causas que podrían haberse evitado“.
Hambre hija de la injusticia, guerras hijas del ansia de dominio, ausencia de
medicamentos hija del cómodo letargo. Sobrinas del olvido, de las mil corazas
con las que nos justificamos. Pueden no ser nuestras víctimas, no al menos de la
mayoría de nosotros, pero permanecemos inmóviles ante el genocidio.
Miramos alrededor, la calle de
abajo tiene cada día más hijos comiendo de la placenta de los contenedores. La
necesidad cercana esconde otra que, hija de los mismos padres, mayor, desde hace
más tiempo, vive un poco más allá.
La fuerza de la tele, la otra
calle por la que transitamos, nos arrastra a Connecticut, vemos una treintena
de víctimas, la mayoría criaturas. Cruento, perversamente espectacular. Fijamos
allí nuestra retina. Treinta víctimas, como en minuto y medio. Menos de las no
evitadas en lo que se lee este artículo. ‘Mundo loco, mundo loco’.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 20-12-2012
martes, 18 de diciembre de 2012
LA MUSA Y LA CADENA
A Pablo Picasso se le atribuyen dos frases aparentemente contradictorias pero que en el fondo no lo son. Dicen que una vez afirmó, al ser preguntado acerca del método que utilizaba para buscar la inspiración, que él no buscaba, simplemente, encontraba. Así dicho, parecía un canto a la improvisación, una forma de ‘ir de genio’ que desdeñaba el trabajo dejando todo en manos de un instante de iluminación.
En otra ocasión, el pintor de origen malagueño respondía que las musas existen, pero que cuando llegan te tienen que encontrar trabajando. Ahora se empeña en recalcar la importancia de la insistencia, valora las horas que, pincel en mano, pasó sin dar el visto bueno al resultado, reconoce la necesidad de esos miles de metros cuadrados de lienzo convertidos en una pelota y pateados hacia alguna papelera antes de culminar cualquiera de sus obras.
jueves, 13 de diciembre de 2012
LOS DÍAS CALABOBOS
No son muchos los días de los que
tenemos recuerdo cuando echamos la vista sobre el tiempo pasado. En realidad, son
solo unos pocos los que permanecen anclados en algún lugar de nuestra memoria.
El resto, la gran mayoría, fueron sucediendo uno tras otro y fueron olvidados
porque no contenían nada aparentemente reseñable. Sin embargo estos últimos son
como una lluvia fina, un calabobos que nos hace ser como somos sin haber
percibido que la camiseta se mojaba. Podemos recordar los chaparrones
veraniegos que súbitamente inundaron nuestro corazón y refrescaron nuestra
cabeza o las granizadas que helaron nuestra alma, podemos traer a la memoria
sin apenas esfuerzo el primer día de algo o el último de alguien. Son como
estacas que sirven para trazar una línea, pero el camino lo conforman los
tramos que unen aguacero con aguacero.
Más que los hitos, son esos pasos
continuos los que nos conducen al resabio o a la bondad, al desengaño o a la
esperanza, los que forjan viejos pétreos o ancianos luminosos. Ken Loach se
encuentra entre estos últimos. Con más de tres cuartos de siglo a sus espaldas y
después de haber indagado en sus películas sobre las conductas humanas en las
circunstancias más adversas, de haber reflexionado sobre las relaciones que
establecen las personas en el marco de sociedades hostiles, de haber denunciado
el inexorable derrumbe ético de un modelo económico que genera abismos de
desigualdad en el epicentro y guerras en la periferia, sigue mostrando más
ganas de acariciar que de odiar y así lo transmite en cada nuevo trabajo. El
último, ahora en cartelera, se titula ‘La parte de los ángeles’, un cuento que
desborda humor y esperanza, en el que el proceso de elaboración del whisky se
convierte en metáfora. El tiempo, solo el tiempo, convierte al líquido en
sublime, soles y lunas sucesivas trabajando en silencio, decenas de años que
terminan con un trago, un único trago que se lo lleva. Ken Loach se está
haciendo viejo, pero los días le han calado para bien.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 13-12-2012
domingo, 9 de diciembre de 2012
MIRANDO AL LADO OSCURO
jueves, 6 de diciembre de 2012
PERJUDICA GRAVEMENTE SU SALUD
Lejos quedan ya aquellos
hombretones cuyos cuerpos eran utilizados para anuncios de tabaco, incluso en
las películas es imposible encontrar ahora esos tipos duros desprendiendo
testosterona mientras aspiran nicotina. El tabaco mata y, por si se nos ocurre
olvidarlo, tenemos una nota en cualquier paquete que lo recuerda. Es tan nocivo
que está prohibido fumar en cualquier espacio cubierto. Salvo prohibirlo, los
últimos gobiernos han hecho de todo para preservarnos del humo maldito, aunque,
todo hay que decirlo, la medida más eficaz no ha sido ninguna de las represivas
sino la subida de precios. Por mi parte no se lo recrimino, bueno, lo de los
precios sí. Entendieron que un buen sistema de salud se cimenta evitando tener
que curar, o sea, la medicina preventiva. Esta filosofía reúne dos virtudes:
mejora la salud de un buen número de personas y reduce el costo del sistema ya
que lo hoy gastado en prevención es mucho menos de lo que se ahorra en
quirófanos futuros.
España gozaba, hablo en pasado,
de un sistema que, aun con sus fallos, era envidiable. En primer lugar, por ser
universal y en segundo por ser más eficaz de lo que reconocíamos (quizá mediatizados
por House, olvidando que la realidad en otros países está más cerca de la del
niño protagonista de Mejor…imposible). Resulta, además, que era de los más
baratos entre los países desarrollados. La clave de su buen hacer no se basaba
en un gasto suntuario sino un agregado de pequeños detalles y la entrega de
todo el personal implicado. Cada recorte elimina uno de esos detalles y
desmoraliza a los trabajadores. Vamos, un pan como unas hostias, pero lo peor
es que cada medida de las que se están tomando dificulta más el acceso a la
sanidad, ralentiza los procesos y, por tanto, anula la posibilidad de la
prevención o de la rápida intervención. Entre eso y la desatención consecuente de
la política actual, España, por primera vez, ve como cae la esperanza de vida.
Habrá que empaquetar a los responsables de estas medidas con un aviso: El
gobierno mata.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 06-12-2012
miércoles, 5 de diciembre de 2012
COMO UN CHINO MARCANDO UN GOL EN EL NOU CAMP
Un
aforismo inglés dice que el fútbol es un juego de caballeros jugado por
villanos y el rugby es un juego de villanos jugado por caballeros. Esta
última parte se pone de manifiesto cuando observa cómo los mismos
individuos que en el campo pelean entre ellos como locos por avanzar un
metro, toman una copa juntos al final de los partidos. Además, al menos
en Valladolid, el rugby llegó a través de los colegios de pago. Niños
bien, cubiertos de barro. José Luis Moral ‘Cano’ formó parte de esa
generación de pioneros que consiguió colocar a Pucela en la ciudad de
referencia del rugby español.
martes, 4 de diciembre de 2012
LA VIDA EN UN HILO
Vemos a Mercedes caminando como aturdida por el andén de una pequeña estación de tren. Hace pocos días vio enterrar a Ramón, su marido. Repasa los días con él. Nada tiene que reprocharle porque nada malo queda apuntado en el debe del difunto. Pero nada malo no es lo mismo que algo bueno. Todos esos años se pueden resumir con una palabra: tedio. Cuando Mercedes se levantaba sabía, más o menos, cómo iba a discurrir el día, en la vida con Ramón era impensable que sucediera algún hecho que rompiera la monotonía. Ahora la vemos montada en el tren, toma asiento, enfrente una apacible anciana. Entablan conversación. Doña Tomasita, que así se presenta, tiene el poder de conocer el pasado. En su viaje atrás en el tiempo hace parada en un día de lluvia. Mercedes espera un taxi que no llega, Miguel Ángel, un joven que pasa a su lado, le ofrece compartir el viaje, Mercedes se niega. Poco después, víctima del frío y con el agua incrustada en el alma, tiene menos remilgos y acepta la misma invitación de Ramón. La historia con este la conocemos, doña Tomasita desvela a Mercedes cómo hubiera sido su vida de haber aceptado la primera invitación. Ella sonríe recreando la vida feliz e intensa que nunca tuvo. Aquel ‘no’ vino condicionado por las apariencias, el ‘sí’ posterior lo fue mascullando mientras el agua calaba sus huesos. Piensa que puede torcer el futuro para revivir ese pasado, pero nunca es así. Lo cuenta Edgar Neville en ‘La vida en un hilo’, una película que después de su éxito fue adaptada como obra de teatro.
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